miércoles, 24 de agosto de 2016

Anomia


Preludio
"Si todo te da igual, estas haciendo mal las cuentas"

Despegue

Ernesto Méndez siempre se ha preocupado en que sus  hijos vayan a las mejores escuelas, tengan la mejor ropa, procura llevarlos de vacaciones al menos dos veces por año, con gusto recompensa las buenas calificaciones  comprando mejores teléfonos celulares, permitiéndoles ir a divertirse con sus amigos, dándoles algún lujo que su economía le permite. También se encarga de ver que sus hijos sean personas honestas, honradas que respeten a los demás y siempre se esfuercen en ser mejores cada día.

“Hoy en el noticiero… cámaras ocultas en la oficina de un empresario captan al Lic. Ernesto Méndez que es funcionario de Gobierno reunido con uno de los líderes del crimen organizado mientras hablaban de como evadir a Hacienda y diciendo nombres de personas a las cuales pensaban sobornar para tener preferencia en las obras que el Gobierno tiene planeado hacer. ´Más adelante, daremos toda la información…”
Sin palabras ha dejado el conductor a la Familia Méndez a la mitad de la cena. Los hijos voltean a ver inmediatamente a su padre, quien atónito observa el cuadro de la última cena frente al comedor. Susana, la madre, conocedora de las buenas costumbres, intenta decir palabra alguna, y es el llanto de Marce -hija menor- que rasga este silencio para irse corriendo a su cuarto. La memoria de Emilio, el hijo mayor, inmediatamente le trae el recuerdo de cuando en un momento de juego, Emilio junto con otro de sus primos, tomaron dinero del bolso de mamá para irlo a gastar en golosinas y videojuegos fue una de las tardes más divertidas. ¿Cuándo te he dado ese ejemplo Emilio? Gritaba Ernesto mientras descargaba el primer cinturonazo en las nalgas del chico. ¡Siempre les he dicho que ustedes sean personas integras, honradas, que se ganarán con su trabajo todas las cosas que quieran! Después vinieron otros golpes con el cinturón como mudos testigos del pacto que harían padre e hijo. ¡Dime, anda, júrame que no volverá a pasar esto! ¡Dilo chingada madre!... ¡Si papi, no volverá a pasar!


Con lo sucedido… ¿se cambiarían los papeles?... Ojalá Ernesto recuerde lo que le decía a su hijo…

La Familia vive un estado de anomia no hay claridad en las reglas y normas que rigen y dan estructura a la familia. Por un lado, los padres exigen a los hijos no decir groserías, comerse toda la comida, ser puntuales, cumplidos y responsables. Muchas veces ni los papás cumplimos con lo que exigimos a nuestros hijos. Les decimos que la corrupción es mala y criticamos severamente a quienes corrompen o se dejan corromper. Pero somos los primeros en intentan ofrecer “una mordida” cuando cometemos una infracción de tránsito. 

Somos los primeros en rechazar los vegetales o la sopa en la hora de la comida, pero exigimos a nuestros hijos a que coman todo lo que se les sirve en el plato. Los ejemplos son interminables.
Este doble discurso que se da en las familias genera desesperación en los miembros que la conforman, causa serias confusiones al exigir tal o cual comportamiento pero no ser ejemplo de lo que queremos que hagan los demás. Sentimientos de futilidad son comunes en muchas personas. ¿Para qué comprometerse cuando no se ve mucho interés en los demás por ser comprometidos? ¿Cómo es que no queremos que haya un vacío existencial en las personas cuando no tienen personas referentes de como conducirse en la vida? Y los únicos referentes, son aquellos estereotipos que los medios de comunicación se encargan de vendernos como figuras de éxito, poder, triunfo o felicidad… y como no quiero hablar mal de nadie, me reservo mi comentario.

Es urgente que si queremos darle un giro a la realidad que estamos viviendo, debemos de tomar cartas sobre el asunto de una manera fácil y sencilla, sin tanto rollo y sin necesidad de acudir con algún especialista… Ser congruentes con lo que decimos y con lo que hacemos.


No es tarea fácil, pero alguien tiene que comenzar por hacerlo.

Aplica te

La inquietud de escribir este blog fue con la idea de poder compartir desde mi perspectiva como psicólogo algunas de las situaciones de la vida cotidiana.

Aunque en el fondo, es una manera de satisfacer una de mis pasiones como lo es escribir. Reconozco que no soy un excelente escritor, pero de que me gusta, me apasiona y lo practico tan pronto puedo.  

También quiero reconocer que hubo un cierto aire de ambición al tratar de querer abordar la infinidad de situaciones que se nos presentan a lo largo de la vida, utilizando la Psicología y en particular la Psicología Social, hoy me doy cuenta de que no es tarea fácil, la vida cambia día a día, más rápido de lo que muchos se imaginan.