domingo, 12 de febrero de 2017

No una graciosa huida, sino una apasionada entrega

Preludio

 Puede dudarse de todo… excepto cuando uno mismo se ve reflejado en ello. 
Gracias a mi entrañable amigo Ivan Barrera, por permitirme usar unas de sus fotos.

Despegue

Desde hace buen tiempo, he tenido muy presente de que todo lo material (personas y cosas) tienen su momento, ocupan un lugar en nuestra cumplen con su misión en la vida para después irse  y es entonces cuando te das cuenta de que tienes una pérdida.
Constantemente estamos teniendo pérdidas, unas son tan sutiles que apenas si las percibimos; otras tantas son más significativas que cuando ya no las tienes te das cuenta del espacio que ocupaban y aunque intentes o cubrir ese vacío que dejan no hay modo de llenarlo.


El 3 de enero de 2017 mi padre, Luis Miguel Acevedo Garduño de 62 años de edad, despertó en lo que parecía un martes común y ordinario. Venía de trabajar, entro a casa, subió la escalera y antes de llegar a la sala, dijo Estela, para después desvanecerse; el nombre de mi madre fueron sus últimas palabras. Así entonces mi madre,  vio con impotencia como el cuerpo de mi papá se quedaba sin vida. Lo que en otros años fuera un hombre valiente, -como gran torero que fue-  de carácter fuerte, pocas sonrisas pero siempre sinceras, palabras duras más nunca ofensivas y que lucía invencible, le fue arrebatada la vida apenas iniciando el año.

A todos nos dejó vacíos, dolidos, llenos de temores, un manojo de incertidumbres y una gran consternación.  Pasaba del medio día, cuando entre paramédicos y el médico, -uno de sus buenos amigos-  y personal de la funeraria lo acomodaban en la camilla para bajarlo y antes de que la sabana cubriera su rostro, de sus ojos escurrieron unas tenues lágrimas, los paramédicos dijeron que es normal, cuando alguien muere se segreguen líquidos, personalmente creo que mi padre si estaba llorando, sabía que una vez atravesando la puerta, no volvería nunca más. Esta vez no hubo puerta grande y no salió en hombros como en las tardes en las que triunfó,  cargado por quienes fueron mudos testigos de su fatal desenlace, mi padre se encaminó a su última faena, misma que pensé, tardaría en llegar. Dejó un puñado de gente llorando y pidiendo a Dios un milagro, nuestros corazones estaban –siguen- destrozados y por más que intentamos razonar, explicarnos los motivos,  seguimos sin dar crédito a tan grande perdida. Los pañuelos no ondean pidiendo la oreja, hoy secan los ojos, nuestros ojos que se resisten en ahora verlo solo en fotografías

Al final perderé todo lo que tengo; Sin embargo, lo que de verdad importa no se pierde nunca.

Ahora nos toca enfrentar la vida sin él. Ocuparnos de cosas que jamás creímos, reacomodar la vida, buscar alternativas, trazar nuevos horizontes, recorrer nuevos caminos, superar otros obstáculos, alcanzar nuevas metas, nuevos logros, veremos a muchas personas seguirnos y a otras tantas alejarse, también llegarán unas ya conocidas y  otras por conocer. Es momento de aplicar lo que nos enseñó, mi padre tuvo mucha devoción por la Virgen de la Soledad, esto me lleva a pensar que efectivamente, los momentos más cruciales en nuestra vida lo viviremos solos.

No podremos llenar el vacío que dejó, entonces aprendamos a vivir con su ausencia, alguien me dijo que mi padre no estaba muerto, ahora vive de manera diferente en cada uno de nosotros. Será por eso que me resisto ir al panteón, mi papá no es ese montón de flores, no lo encuentro bajo de tanta tierra, me cuesta trabajo ubicarlo como una nueva estrella que brilla en el firmamento. Mi torero es fiesta, alegría, tardes bohemias acompañadas de tequila. Se manifiesta en las canciones de Rapahel, Sandro y Joselito.

Aplica te


Hoy  mi país, también vive una  orfandad anunciada con el triunfo del republicano Donald Trump. Quien amenaza con quitarnos la cobija paterna y dejarnos a nuestra deriva, ha comenzado la deportación de mejicanos ilegales, comenzó a revisar para cancelar los tratados de libre comercio. Su mayor amenaza es ponernos un muro y que tendremos que pagar por ello. Ahora a todos nos duele esta pérdida, la incertidumbre es terrible, buscamos culpables, el enojo es tanto que lo hemos volcado hacia nosotros mismos. Tan difícil es verr como tenemos que salir de nuestra zona de confort,  que estamos en contra de todo y contra todos. Se nos hizo costumbre girar alrededor de un país, como lo hacemos con los caprichos de nuestro presidente en turno. 
Ahora nos urge encontrar nuevos socios comerciales, aprendernos a valer por nosotros mismos, buscar nuevos caminos, trazar nuevos horizontes, acabamos de ver como el presidente de Argentina comentó, que si ellos no se habían aliado con nosotros, es porque no lo habíamos pedido. Es hora de crecer México, urge dejar estas actitudes infantiloides, dependientes, inmaduras. Es preciso demostrarnos que podemos enfrentar lo que nos viene, que podemos responder con inteligencia a las nuevas exigencias del presente, que dejamos atrás el mejicano agachón, sentado a la sombra del cactus y tapado con el sombrero y el zarape de saltillo. Demostremos que es nuestro momento, que estamos de pie, listos para hacerle frente a lo que venga. Que nuestras raíces y cultura nos dan además de identidad, nos dan la fortaleza para gritarles a todo el mundo que México está despierto, que sigue vivo. Y ahora que el padre se ha ido, tomaremos en nuestras manos el rumbo de nuestro país.